Ilustración de Víctor Solís, cortesía de Nexos

 

El gobernante te escucha. Camina entre tú y yo, sobre calles con vida y ciudades de ciudadanos. Es el primero en décadas que se reconoce como lo que debe ser: empleado del pueblo. “Yo no mando; a mí, me manda la gente”. La democracia, nos recuerda, no se reduce a un día cada seis años. Nosotras, las personas, decidimos quién gobierna, pero también cómo y para qué lo hace. Se acabaron los pasillos humeantes donde la tecnocracia conducía al país a donde quería; la política es pública, amplia, común.

Tocas tu cuello y encuentras el centro. Tientas la piel blanda por arriba de la clavícula. Presionas. Rompes el tejido y brota una línea de sangre caliente que baja por tu pecho. Adentro, cerca de la tráquea, buscas tus cuerdas vocales para arrancarlas en pro de la democracia: esas cajas negras construidas por Morena, custodiadas por Morena, contadas por Morena. Se llamarán “consultas” y no habrá posibilidad de cuestionarlas: quien se oponga, será elitista, tecnócrata y, en suma, un enemigo de la democracia.

Las consultas como la del aeropuerto – esas cajas negras – van a repetirse, como ya anunció Obrador. No fue una vez, sino que será el método para tomar decisiones controvertidas. El peligro se alimenta, además, en tanto que gran parte de los ciudadanos defienden a Morena desde el trauma de una oposición que fue golpeada en el pasado, que desconfía de la crítica y que todavía no es consciente de que, ahora, Regeneración Nacional no es oposición, sino el partido en el poder, al que debemos exigir un gobierno responsable.

Sin embargo, a pesar de que la desconfianza al gobierno siempre es necesaria, hoy AMLO tiene un cheque en blanco de la ciudadanía – o al menos así actúa. Esa es la única forma de explicar su decisión de consultar la construcción del Tren Maya, el Tren Transístmico, la nueva refinería en Tabasco y 10 programas más los días 24 y 25 de noviembre y ordenar al mismo tiempo que la construcción de la refinería inicie el 16 de diciembre. AMLO programa el inicio de la obra porque será imposible que gane algo contrario a su voluntad.

Sin disimulo, sabiéndose capaz de aprovechar su bono democrático, AMLO admite ser juez y parte: “les digo que voy a defender estos proyectos, es decir, no va a ser como la consulta en el caso del aeropuerto que yo actúe con imparcialidad” y añade, amagando a la crítica, “de todas maneras, como están muy rigurosos nuestros adversarios, para que no exista ninguna duda vamos a la consulta” [1] Nuestro próximo presidente confiesa abiertamente: la consulta es para que sus “rigurosos adversarios” no puedan cuestionar su decisión. Oponerse a él será lo mismo que oponerse al pueblo.

Las consultas populares que respetan el sufragio efectivo, a diferencia de éstas, totalmente contrarias al maderismo con el que AMLO se ostenta, tienen una justificación difícil de negar. Los Estados modernos occidentales se fundan en la soberanía popular. En teoría, no importa la voluntad de los gobernantes, sino la de la mayoría que los elige; ellos sólo son un medio para que nosotros seamos representados en la toma de decisiones. Así, como bien dice Andrés Manuel, la democracia no sólo es la democracia representativa (como considera el liberalismo político conservador de origen estadunidense), sino también la participativa. La soberanía del pueblo, fuente legítima del poder estatal, no se agota en la elección de sus representantes, sino que permanece siempre en las manos de la ciudadanía.

No obstante, la idea de las consultas ha despertado múltiples críticas (algunas de ellas clasistas y/o racistas) en contra la democracia participativa: que el pueblo es ignorante, que sólo los expertos deben decidir, que por qué una indígena que ni siquiera conoce la electricidad debe votar, que la construcción de grandes obras de infraestructura no es una decisión política, sino puramente técnica y neutral, etc. No estoy de acuerdo y pienso que las consultas con controles y autoridades imparciales pueden tener un lugar importante en nuestra vida pública. Los detractores de la democracia participativa en nuestro país no han atendido su problema principal: ¿cómo defienden a la democracia y a la soberanía popular, pero sostienen al mismo tiempo que nosotros, los ciudadanos, no podemos decidir nuestros problemas políticos fundamentales?

Sin embargo, las consultas de Morena no se fundamentan en ninguna de las justificaciones anteriores; son mera simulación y demagogia. Más aún, son antidemocráticas y usurpan la voz del pueblo. Si bien es cierto que antes éramos poco o nada escuchados, ahora AMLO se adjudica nuestra voz para imponer sus decisiones.

El falso disfraz de pueblo oculta otras dos cabezas. La primera libera de toda responsabilidad a Andrés Manuel: si las cosas salen mal, no será su culpa, sino de la gente que eligió incorrectamente; los costos ecológicos y el daño a las comunidades y pueblos indígenas del Tren Maya, por ejemplo, no se le podrán reprochar porque estarán fundadas en la “decisión” del pueblo. La otra nos lleva a una posible resbaladilla en la que no podamos detenernos, empezando por consultar extralegalmente la construcción de un aeropuerto para terminar —en un extremo— por consultar la reelección del presidente o el establecimiento de una nueva Constitución. De esta forma, las consultas extralegales podrían llevarnos a desinstitucionalizar la democracia o a que AMLO la desarme en nuestro nombre. De nuevo, estos no necesariamente son riesgos propios de los referéndums, sino de que el presidente tenga en sus manos a un mecanismo para simular voluntad popular y legitimar cualquier decisión, alimentándose de un bono democrático perpetuo.

En gran parte, regalar o no la voz del pueblo depende de nosotros. Si seguimos defendiendo consultas alegales, sin sufragio efectivo, mecanismos de control ni autoridades independientes, invitamos a AMLO a volverlas a utilizar, incluso para imponer decisiones con grandes costos sociales y, en última instancia, para dotarse a sí mismo y a sus aliados de más poder. Una pieza fundamental de las democracias es la de hacer rendir cuentas a sus gobiernos de las decisiones públicas que tomen y es fundamental no regalar tampoco esa prerrogativa de la ciudadanía.


Miguel Alfonso Meza es abogado del Despacho de Investigación y Litigio Estratégico (DILE) que forma parte de Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad.

Twitter: @Miguelmezac


[1] http://www.elfinanciero.com.mx/peninsula/consulta-sobre-tren-maya-se-realizara-el-24-y-25-de-noviembre-lopez-obrador