¿Cómo funcionará el Tribunal de Disciplina Judicial?

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¿Cómo funcionará el Tribunal de Disciplina Judicial y qué papel jugará en la supervisión y sanción de los servidores públicos judiciales? 

El Tribunal de Disciplina Judicial sustituirá al actual Consejo de la Judicatura Federal y será un órgano con independencia técnica y de gestión para emitir sus resoluciones. Su función principal será garantizar que jueces y magistrados actúen con ética, profesionalismo y respeto a la ley. Tendrá la responsabilidad de investigar y sancionar faltas graves en el ejercicio de la justicia.

Las decisiones del Tribunal serán definitivas e inatacables. Esto significa que no podrán ser apeladas ni impugnadas y tampoco se podrá interponer amparo contra sus resoluciones. 

Estas preocupaciones aumentan cuando no solo nos concentramos en las funciones, sino en las personas que podrían integrar este Tribunal de Disciplina Judicial que hoy son candidatos a magistrados.

Una de las partes más preocupantes de la reforma judicial es la creación del Tribunal de Disciplina Judicial. Se trata de una nueva institución que no tiene comparación en el mundo y que alterará por completo la impartición de justicia. 

El Tribunal de Disciplina Judicial sustituirá al actual Consejo de la Judicatura Federal y será un órgano con independencia técnica y de gestión para emitir sus resoluciones. Su función principal, de acuerdo con la reforma, será garantizar que jueces y magistrados actúen con ética, profesionalismo y respeto a la ley. Además, tendrá la responsabilidad de investigar y sancionar faltas graves en el ejercicio de la justicia.

Los cinco integrantes del Tribunal serán elegidos a nivel nacional por la ciudadanía en la jornada electoral del próximo primero de junio. Cada integrante durará en el cargo por seis años, sin posibilidad de reelección. La presidencia será rotatoria cada dos años. 

El Tribunal trabajará en dos niveles: en pleno y en comisiones. El pleno será el encargado de resolver en segunda instancia los casos que le sean presentados por las comisiones. Estás últimas se encargarán de la investigación y resolución de los casos en primera instancia. 

El Tribunal podrá iniciar investigaciones de oficio o por denuncia, ordenar medidas cautelares, sancionar a los servidores públicos judiciales y remitir casos al ministerio público si considera que se ha cometido un delito. Las sanciones que podrá imponer incluyen amonestaciones, suspensiones, sanciones económicas, destituciones e incluso inhabilitaciones. Sin embargo, ministros de la Suprema Corte y magistrados electorales tendrán un régimen especial y solo podrán ser removidos en los términos establecidos por la Constitución.

El Tribunal también evaluará el desempeño de jueces y magistrados para garantizar la calidad en su trabajo. Si una evaluación es insatisfactoria, podrá ordenar medidas correctivas, como capacitación o, en casos graves, una suspensión temporal. 

Un aspecto importante a destacar es que las decisiones del Tribunal serán definitivas e inatacables. Esto significa que no podrán ser apeladas ni impugnadas y tampoco se podrá interponer amparo contra sus resoluciones. 

Estas preocupaciones aumentan cuando no solo nos concentramos en las funciones, sino en las personas que podrían integrar este Tribunal de Disciplina Judicial que hoy son candidatos a magistrados.

La influencia política en la elección de los miembros podría poner en duda la imparcialidad e independencia del Tribunal. Algunos perfiles cercanos al gobierno y al partido en el poder han sido mencionados en este contexto. Por ejemplo, Bernardo Bátiz y Vázquez, quien ha ocupado diversos cargos públicos cercanos al expresidente López Obrador desde hace más de 20 años y Celia Maya García, ex candidata de Morena a la gubernatura de Querétaro en 2015 y 2021. Ambos fueron designados como consejeros de la judicatura federal durante el sexenio pasado por el presidente López Obrador.

También se habla de personas cercanas al ministro en retiro Arturo Zaldívar, actual coordinador de Política y Gobierno de la Presidencia y supervisor de la implementación de la reforma judicial, como Jaime Santana Turral y José Artemio Zúñiga Mendoza, señalados por ejercer presión a jueces y magistrados para resolver casos de conformidad con los intereses del gobierno federal el sexenio pasado.

Los perfiles con vínculos al partido en el poder generan dudas sobre si el Tribunal podría convertirse en un instrumento para presionar a jueces y magistrados que no resuelvan conforme a los intereses del gobierno, lo cual podría poner en riesgo la imparcialidad e independencia judicial.

El Tribunal de Disciplina Judicial tiene el potencial de ser una pieza clave en el nuevo poder judicial, por eso es fundamental garantizar su  imparcialidad e independencia  para evitar que se convierta en una herramienta de control político al interior del Poder Judicial.