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Esta semana vuelve a quedar claro un patrón: opacidad en la toma de decisiones, discrecionalidad en el manejo de recursos y una rendición de cuentas que sigue siendo débil e incompleta.
Comenzamos con una nota que pone el foco en un esquema de operación política y financiera: Morena y Financiera para el Bienestar (Finabien) dispersaron más de 250 mil “apoyos sociales” en todo el país sin reportarlos al Instituto Nacional Electoral (INE), lo que habría significado un desembolso millonario.
En estos días, también publicamos que dos empresas en las que han participado como socios y operadores personas señaladas por la FGR como integrantes de una red de tráfico de armas, son las encargadas de vigilar los puntos de inspección y salas de espera del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM)
En paralelo, persiste una narrativa política que atribuye problemas al pasado, mientras fallas estructurales siguen sin corregirse, como señala María Amparo Casar en su columna A juicio de Amparo.
Además, la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y la Secretaría de Turismo (México) habrían cedido el Campo Marte para un negocio privado sin contraprestaciones claras.
Y el conflicto con la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) expone otra constante: decisiones fiscales de alto impacto negociadas sin transparencia suficiente.
El resultado es el mismo en distintos frentes: decisiones públicas relevantes tomadas en zonas grises, donde la legalidad formal no siempre garantiza rendición de cuentas real.
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